Un extraño genio camagüeyano

Un extraño genio camagüeyano

Cinco años tenía Paquitín cuando comenzó a jugar ajedrez. A lo mejor de allí nació su pasión por las matemáticas, o al menos eso creen sus padres. Dice Nidia, su mamá, que verlo mover las piezas en el tablero era sorprendente porque prácticamente aprendió solo.

Aunque en aquel entonces Francisco Préstamo Bernárdez era muy pequeño para darse cuenta, hoy cree que la memorización, la concentración y la agilidad mental obtenidas gracias al deporte ciencia lo dotaron de las herramientas necesarias para convertirse en un campeón.

A los 16 años este muchacho iniciará en septiembre el onceno grado en el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas Máximo Gómez. A esa edad se siente orgulloso de haber obtenido la medalla de bronce en la Olimpíada Centroamericana y del Caribe de Matemática, resultado que ayudó a superar los números de Cuba el año anterior, al ubicarla en el cuarto puesto dentro de 13 países.

“El mérito no es solo mío, detrás de ese logro está el trabajo de mucha gente. A Santo Domingo fuimos cuatro jóvenes, dos de La Habana, uno de Matanzas y yo. La preparación fue muy dura, como también lo fue el proceso de selección, pero cuando amas lo que haces nada te impide luchar por conseguirlo”, explica un poco nervioso, pues todavía no se adapta a responder tantas preguntas.

Como dice Paquitín, llegar hasta aquí no ha sido tan fácil como algunos creen. “Es verdad que mis profes siempre han dicho que yo nací con la vocación, pero también han sido horas de estudio, de no poder dormir hasta tarde los sábados porque tenía preparación, de meses fuera de casa…”.

No obstante el joven de La Vigía, con sus 1.80 de estatura no se pasa la vida metido entre libros y libretas. Le encanta la música, compartir con sus amigos y practicar fútbol, baloncesto, voleibol. Cuentan los que lo conocen que baila reguetón y que Romeo Santos y la bachata también le hacen mover los pies.

Desde niño fue muy competitivo, le gustaba ser el primero en todo y se esforzaba por ello. Fue el mejor alumno de sexto grado de la escuela Josué País; bronce en el concurso nacional de Matemática en séptimo, y plata en noveno. “Cada vez que ganaba era la confirmación que debía seguir por allí y parece que mis maestros también lo sabían porque siempre estaban enseñándome y animándome a seguir adelante”.

Heriberto Donet, el actual entrenador, reconoce su talento y tiene la confianza en que para el próximo año pueda participar y ganar en la olimpíada Iberoamericana. Para ello saben que tiene que trabajar un poco más la geometría, que es la parte que casi siempre se complica más.

“La medalla de Francisco vuelve a colocar a Camagüey en los primeros lugares nacionales. En los años '80 esta fue una provincia destacada en los concursos de Matemática. Hubo ocasiones en que el 50 % del equipo Cuba era nuestro. Desde el 2004 no participaban alumnos de aquí en las olimpíadas internacionales en esta asignatura”, destacó Donet.

Un aporte esencial para ese logro fue el apoyo de la familia. “Mi mamá es la persona que más me ha impulsado y acompañado en todas las travesías, y aunque mi papá se encuentra trabajando de profesor en Costa Rica, nunca me ha faltado su apoyo. Cada vez que me preguntan cómo llegué hasta aquí, digo que a ellos les debo todo”.

Puede que Francisco no recoja su cuarto cuando la mamá lo regañe, puede que pasen unos años más para que logre completar un cubo de Rubik o que no se dedique a la cibernética como piensa, porque le gusta más enseñar en un aula. El tiempo nos dará las respuestas; sin embargo, este muchacho común y corriente que sobresale como un extraño genio de las matemáticas tiene los mejores números para resolver los “cálculos” de su propio futuro.